Día 53, 22/2
Hoy miércoles 22 de Febrero de 2012, me quedo atónito leyendo sobre los asuntos de valencia, de policías y de enemigos del gobierno que resultan ser niños de 15 años y gente que pasea por la calle.
Me dan ganas de potar, de inmigrar y no volver nunca a este país, que no se merece ni siquiera poner su nombre, ni ponerlo en mayúsculas.
Si no me voy es por que mi familia vive aquí, y por que para variar no hay forma de encontrar trabajo.
Por que dar unas clases particulares a la semana no se puede considerar trabajo.
Oí las declaraciones de un imbécil, por que no tiene otro nombre, que decía, el listo, que el 80% de los parados no trabajábamos por que no aceptábamos trabajos fuera de nuestros barrios.
Yo personalmente me recorrería medio mundo por un trabajo en condiciones.
Clara está que no me pudieran despedir por lo que le salga de los cojones al empresarito de turno.
Que con la mierda de reforma laboral que han hecho, si no quieres un cambio de horario a la puta calle, que no quieres un traslado a la puta calle, que no quieres una bajada de sueldo a la puta calle, que no quieres hacer más horas por el mismo sueldo a la puta calle, y todo esto con 20 días por año trabajado. Y las grandes empresas que emplean al 25% de la gente que trabaja con el 70 % de subvenciones y ayudas.
Es desquiciante, a veces me dan ganas de gritar, pero no lo puedo hacer por que seré el ENEMIGO.
Pues señores si por pedir lo mío y que no me roben voy a ser el ENEMIGO, estén atentos por que hay muchas bombas de relojería como yo sueltas por todo el país, y cada vez más cansados de corruptos de todos los colores, de mentiras y gordas, de falsedades, de ineptos que por chuparla bien en el partido llegan a mandamases, cansados de sindicatos comprados que solo se manifiestan por ordenes del gobierno de turno o si no les gusta ese gobierno se quejan por poco que hagan.
Señores seamos serios.
Tenemos cerebro,
nos funciona el cerebro,
discurrimos y pensamos,
y si nos dan trabajo en otro sitio está claro que no iremos.
El problema es que aquí la educación está diseñada para aprender lo mínimo, para premiar al mediocre, para hacer paletas que cobren 3000€ en época de bonanzas y que un licenciado o un técnico especialista no llegue a los 2000€ al mes.
Este país es una verguenza, y sí lo dejo sin diéresis, por que de la propia vergüenza que le ha dado a la misma palabra la diéresis ha salido corriendo.
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